C'est quelqu'un qui m'a dit que tu m'aimais
encore



miércoles, 29 de febrero de 2012

Buscandonos

Nadie encuentra lo que no está buscando. No es verdad

que las cosas aparecen de pronto; que, sorpresivamente,

cuando para la lluvia, vemos una hermosísima flor en el

tallo en el que antes no había nada. Allí hubo, por lo

menos, un capullo cerrado, algo que estaba por abrirse,

por transformarse en flor...

Cuando un hombre encuentra a una mujer, cuando una

mujer encuentra a un hombre... los dos estaban buscándose.

Por soledad. O por dolor. O por ganas de revivir la vida

insuflándole oxígeno a los pulmones.

O porque sí. ¿Por qué explicarlo todo? ¿Por qué decir

que la causa, el efecto, que la casualidad no existe, que...?

Mejor pensemos que lo importante es que, cuando no hay

alguien a nuestro lado, no hacemos tostadas (¿para mí

solamente? (No...), no gastamos el frasco de perfume,

duran menos las latas de atún y más las milanesas en el

freezer, compramos con más nostalgia que alegría un

ramito de flores para llevar a casa, y estrenamos muy

pocas cosas. Se van yendo las ganas, como se va la luz,

poquito a poco...

Y la noche nos asesta su golpe con el recuerdo,

nos envía sus fantasmas más tristes,

sus sombras incansables e inclementes.

La noche que no termina nunca,

que crece, que atormenta,

que entrevera nombres,

que ronda, que agiganta las lágrimas

hasta transformarlas en un océano.

Estamos solos porque no hacemos una llamada.

Porque no damos el paso que nos acerca.

Porque no decimos la primera palabra que se transforme

en puente.

Nadie encuentra lo que no está buscando.

¿Por qué crees que vos y yo nos encontramos? ¿Desde

dónde venías acercándote? ¿Desde cuándo yo esperaba

que llegaras? ¿Por qué yo? ¿Por qué vos? ¿Por qué nosotros?

¿Por qué crees que no te desviaste, con otro rumbo, que no

fuiste más hacia el sur, o más al norte, o al otro lado del

mar incalculable? ¿Por qué pensás que me detuve para que

pudieras alcanzarme, extender las dos ramas de tus brazos,

abarcarme con toda tu ternura como diciéndome "ahora ya

no te pasará nada malo, nada triste, nada cruel"; podes

dejar de llorar, podes dormir con los ojos cerrados,

mansamente y, al despertar, no estarás sola... Nunca más

estarás sola. "¿Y yo no estaré solo nunca más...?" ¿Por qué?

Porque los dos estábamos buscándonos.

Porque desde aquella lejana, lejanísima primera vez que

nos vimos, quedó un delgado, finísimo, invisible hilo

uniéndonos... un hilo que nada puede cortar, un hilo que

atraviesa paredes, muros, montañas... un hilo

indestructible que no soltaste, que no solté, y que al fin

volvió a reunirnos para que la historia termine su retrato,

tal vez poniendo un poco menos de tonalidad en la paleta,

o distintos colores y brillos, pero retornando a los dos

mismos protagonistas.

Vos y yo. Regresando. Volviendo al paraíso prometido que

salimos a buscar sin saber que lo teníamos tan cerca,

debajo de los pies. Cuando un hombre encuentra a una

mujer, cuando una mujer encuentra a un hombre... los dos

estaban buscándose. Nadie encuentra lo que no está

buscando. ¿Me entendés, ahora?

PODY BIRD

No hay comentarios:

Publicar un comentario